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Introducción: cuando la Administración decide responder… no respondiendo

Cualquiera que haya tenido alguna vez que tramitar un expediente administrativo conoce bien esa sensación ligeramente inquietante que aparece cuando pasan las semanas —o los meses— y la Administración decide hacerte ghosting (para los boomers: que no te responde).

Has presentado la documentación. Has registrado la solicitud. Has cumplido con todos los requisitos. Y, sin embargo, la respuesta de la administración sigue sin llegar.

En el mundo ordinario, el silencio suele significar muchas cosas: indiferencia, duda, cortesía o incluso un cierto desprecio elegante. Pero en el Derecho Administrativo, el silencio tiene un significado mucho más concreto y, sobre todo, mucho más práctico.

Y esto es porque el ordenamiento jurídico español ha decidido que, en determinados casos, el silencio de la Administración produce verdaderos efectos jurídicos. Es decir, que cuando la Administración calla, la ley interpreta ese silencio como si se hubiera dictado una resolución administrativa.

Este mecanismo, conocido como silencio administrativo, es una de las instituciones más características del procedimiento administrativo y está regulado principalmente en la Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.

Y aunque su nombre suene algo abstracto, su finalidad es bastante sencilla: evitar que la Administración paralice indefinidamente las solicitudes de los ciudadanos simplemente no contestando.

Qué es el silencio administrativo (definición jurídica)

Desde un punto de vista jurídico, el silencio administrativo es la situación que se produce cuando una Administración Pública no dicta resolución expresa dentro del plazo legalmente establecido para resolver un procedimiento administrativo.

En estos casos, el ordenamiento jurídico establece una ficción legal:

el silencio de la Administración se interpreta como una resolución presunta.

Esto significa que, aunque la Administración no haya dictado formalmente un acto administrativo, la ley presume que existe una decisión administrativa con efectos jurídicos.

Esta figura se regula principalmente en dos artículos de la Ley 39/2015:

  • Artículo 24 → silencio administrativo en procedimientos iniciados a solicitud del interesado
  • Artículo 25 → silencio en procedimientos iniciados de oficio

La distinción entre ambos casos es importante, porque el funcionamiento del silencio administrativo no es exactamente el mismo en cada supuesto.

Regulación del silencio administrativo en la Ley 39/2015

Ya hemos adelantado que la regulación principal del silencio administrativo se encuentra en los artículos 24 y 25 de la Ley 39/2015, pero es concretamente el primer apartado del 24 donde se recoge la regla general al respecto:

En los procedimientos iniciados a solicitud del interesado, el vencimiento del plazo máximo sin haberse notificado resolución expresa legitima al interesado para entender estimada su solicitud por silencio administrativo.

Te lo traduzco al cristiano: si la Administración no responde al ciudadano dentro del plazo legal, el este puede entender que su solicitud ha sido estimada.

Pero ojo, que esto tiene trampa. Como ya veremos más adelante, esta regla general tiene unas cuantas excepciones, asi que a la hora de la verdad, si la administración no te responde es más que probable que realemente te esté dando calabazas.

Tipos de silencio administrativo

En el ordenamiento jurídico español existen dos tipos de silencio administrativo:

  1. Silencio administrativo positivo
  2. Silencio administrativo negativo

La diferencia principal entre ambos radica en el efecto que produce la falta de respuesta de la Administración.

Silencio administrativo positivo

El silencio administrativo positivo se produce cuando la falta de resolución administrativa dentro del plazo legal implica que la solicitud del ciudadano se entiende estimada.

Es decir, el silencio equivale jurídicamente a una decisión favorable. Recuerda aquello de «el que calla otorga».

La lógica detrás de esta figura es bastante clara: si el ciudadano ha cumplido todos los requisitos y la Administración no ha resuelto dentro del plazo, no resulta razonable que el ciudadano soporte las consecuencias de esa inactividad administrativa.

Y por eso, como ya hemos avanzado antes el artículo 24.1 de la Ley 39/2015 establece que el silencio positivo constituye la regla general en los procedimientos iniciados a solicitud del interesado.

Recapitulando, si presentas una solicitud y la Administración no responde dentro de plazo, puedes dar por hecho que ha sido aceptada y puedes tirar «palante». Qué bonito parece, no?

Pues la realidad no es tan guay porque esta regla tiene más excepciones que yo traumas de tanto estudiar.

Cuándo no se aplica el silencio administrativo positivo

El ya citado y recitado artículo 24, tras configurar el silencio positivo como la regla general, pasa a detallar una lista de excepciones tan larga que lo acaba convirtiendo en la excepción:

De este modo, establece que el silencio tendrá efectos desestimatorios en los casos en los procedimientos:

  • relativos al ejercicio de facultades relativas al dominio público
  • responsabilidad patrimonial
  • actividades que puedan afectar al medio ambiente
  • relativos al derecho de petición

Y la lista no queda aquí, porque hay que sumar todo el resto de excepciones que se contienen en las demás leyes administrativas tanto estatales como europeas.

Pero ahora vamos a ser honestos, la razón de estas salvedades es bastante lógica.

Permitir que determinadas solicitudes se concedan automáticamente por silencio podría generar situaciones bastante problemáticas. Imagina, por ejemplo, que una solicitud para ocupar un espacio de dominio público se concediera sin ser examinada y simplemente porque la Administración olvidó resolver dentro del plazo. Esto sería un caos.

Por este motivo el legislador decidió que en estos casos no conviene confiar demasiado en el poder creativo del silencio administrativo y curarse en salud diciéndole al ciudadano algo así como «hasta que no te conteste, estate quietecito». Pero que no cunda el pánico, que el silencio negativo, no supone un no definitivo.

Ahora te cuento.

Silencio administrativo negativo

El silencio administrativo negativo, como su propio nombre indica, es justo lo opuesto al positivo: aquí la falta de resolución dentro del plazo legal implica que la solicitud se entiende desestimada.

Sin embargo, conviene aclarar algo importante, porque no funcionan exactamente igual.

Mientras el silencio positivo es equivalente a una resolución administrativa y el sí es inamovible, el silencio negativo no significa necesariamente que la Administración haya valorado el expediente y decidido rechazarlo. Todo lo contrario, y tal como establece el artículo 24 en su apartado tercero, la Administración puede acabar resolviendo a favor.

De este modo, aunque en un primer momento puedas pensar que tu solicitud ha sido desestimada por falta de resolución, cuando esta se produzca (y la administración está obligada resolver aunque sea tarde) puedes llevarte la sorpresa de que finalmente te dan la razón.

Y esto es porque realmente el silencio negativo está pensado simplemente como una ficción jurídica procesal que permita continuar el procedimiento y que el ciudadano pueda interponer los recursos administrativos o judiciales correspondientes sin tener que esperar a que los funcionarios de turno dedican acabar su trabajo.

Sin este mecanismo, el ciudadano no podría recurrir porque, técnicamente, no existiría una resolución administrativa que impugnar.

Cómo acreditar el silencio administrativo

Una cuestión práctica importante es cómo demostrar que se ha producido el silencio administrativo.

Pues muy sencillo. El artículo 24.4 de la Ley 39/2015 establece que los interesados pueden solicitar un certificado acreditativo del silencio administrativo. Y este certificado debería ser emitido por la Administración correspondiente.

Ahora bien, incluso si la Administración no expide dicho certificado —algo que ocurre con más frecuencia de la que probablemente sería deseable— el silencio administrativo sigue produciendo efectos jurídicos.

Es decir, el derecho del ciudadano no depende de que la Administración reconozca formalmente el silencio.

¿Puede la Administración resolver después del silencio?

Sí, y este punto genera cierta confusión.

La Administración puede dictar una resolución expresa incluso después de haberse producido el silencio administrativo. De hecho está obligada.

Y esto vuelve a entroncar con lo que ya hemos explicado antes.

En los casos de silencio positivo, la Administración no puede dictar una resolución posterior que contradiga la estimación presunta, salvo que se utilicen los procedimientos de revisión previstos en la ley.

De lo contrario, el silencio positivo perdería buena parte de su utilidad.

Sin embargo, en los casos de silencio negativo, la Administración no está vinculada a los efectos desestimatorios del mismo y podrá resolver como realmente considere.

Preguntas frecuentes sobre el silencio administrativo (FAQs)

¿Qué significa el silencio administrativo positivo?

El silencio administrativo positivo significa que, si la Administración no responde dentro del plazo legal establecido, la solicitud presentada por el ciudadano se entiende estimada.

¿Dónde se regula el silencio administrativo en España?

El silencio administrativo está regulado principalmente en los artículos 24 y 25 de la Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.

¿Cuándo se aplica el silencio administrativo negativo?

El silencio negativo se aplica cuando la normativa establece que la falta de resolución implica la desestimación presunta de la solicitud, permitiendo al interesado interponer recursos administrativos o judiciales.

¿Qué plazo tiene la Administración para responder?

El plazo depende de cada procedimiento administrativo, aunque en muchos casos suele ser de tres meses, salvo que la normativa específica establezca otro plazo.

¿Cómo demostrar que ha habido silencio administrativo?

El interesado puede solicitar un certificado acreditativo del silencio administrativo, aunque el silencio produce efectos jurídicos incluso sin dicho certificado.

¿Puede la Administración responder después de que se produzca el silencio?

Sí, la Administración puede dictar una resolución expresa posteriormente, aunque en los casos de silencio positivo existen limitaciones importantes.

Conclusión

El silencio administrativo es una institución peculiar del Derecho Administrativo, pero cumple una función esencial dentro del sistema jurídico: evitar que la inactividad de la Administración paralice indefinidamente los derechos de los ciudadanos.

Al atribuir efectos jurídicos al silencio, el ordenamiento garantiza que los procedimientos administrativos no queden atrapados en una especie de limbo burocrático sin final definido.

Naturalmente, lo ideal sería que todas las Administraciones resolvieran dentro de los plazos legales. Pero, mientras esa aspiración siga siendo más teórica que real en algunos ámbitos, el silencio administrativo seguirá siendo una herramienta necesaria para mantener cierto equilibrio entre la Administración y los ciudadanos.

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Este artículo forma parte de la guía de Derecho Administrativo para oposiciones

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Humor y Derecho. In that order.

Javier

2 comentarios en «Silencio administrativo: qué es, tipos, regulación en la Ley 39/2015 y cómo funciona realmente»

  1. Gracias como siempre por tus explicaciones y aportaciones, el derecho administrativo se entiende mejor explicado así, con ejemplos y terminología menos jurídica. Enhorabuena por tu trabajo.

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